Entre juego y deporte

Cómo cada invierno, ha vuelto el frío. Y con el frío da más pereza salir a correr,  caminar, montar en bicicleta… En fin, hacer deporte al aire libre. Y si llueve, ya no digamos.
Esas voluntades de hierro que aun así desafían la meteorología y siguen entrenando tienen toda mi admiración, pero para los que nos da pereza
salir –y agarrándome al lema de que no solo hay que ejercitar el cuerpo sino también la mente– está mi querido juego: el ajedrez.
Situado en esa difusa frontera entre el juego, el deporte e incluso el arte o la ciencia, según algunos, el ajedrez es un entretenimiento para
cualquier edad. Está recomendado para los niños, pues tiene muchos beneficios: mejora la atención, la memoria y la capacidad de cálculo. También fomenta cierto sentido artístico, debido a la creatividad y fantasía que en
ocasiones hay que imprimirle a la partida. Pero no solo es bueno en la infancia. Recientes investigaciones muestran que el ajedrez previene el deterioro cognitivo en personas mayores y, por tanto, es una herramienta en la lucha contra
enfermedades tan complejas como el alzhéimer.
Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, un rey, cansado de su aburrimiento, expresó un deseo: a ver quién le llevaba el juego más entretenido. Un súbdito le presentó un tablero de 64 casillas blancas y negras con una serie de fichas y le explicó las normas. Al rey le encantó. Era el nacimiento del ajedrez. Lo
cierto es que sus orígenes se sitúan en la India, se difundió a través de Persia y llegó a España en el siglo noveno gracias a los árabes. Más tarde será Alfonso X el Sabio, gran amante del ajedrez, quien se encargue de difundirlo en nuestro país.
En noviembre pasado se disputó el campeonato del mundo de ajedrez en Sochi, Rusia. En la final se enfrentaron precisamente un indio, Viswanathan Anand, toda una celebridad en su país, y el joven prodigio noruego Magnus
Carlsen, entrenado por el célebre Gary Kasparov. Tras una apasionante lucha con
momentos de gran tensión y buen ajedrez, Carlsen revalidó su título de campeón.
Dicen que estos campeones acaban agotados tras cada partida; incluso pierden peso por la tensión acumulada. Las partidas pueden durar varias horas y si los jugadores no se encuentran en buenas condiciones físicas, es imposible aguantar la concentración tanto tiempo. La preparación física que este esfuerzo requiere y
la pura competición por ver quién es el mejor es lo que hace que el ajedrez se acerque a la definición de deporte.
Entre tanto juguete de tinte violento, juegos de peleas en consola, tanques de guerra, soldados, etc., ¿por qué no pedirle a los Reyes Magos un tablero con sus peones, caballos, alfiles, torres, dama y rey?

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